
“No hay peor racista que un antirracista”, es mi conclusión sobre la polémica entorno al cuestionado afiche de Toronja que realizó para el Festival de Cine Latinoamericano Los antirracistas en muchas ocasiones se les pasa la mano porque inventan actos o imágenes racistas donde no existen. Ahora dicen (en su gran mayoría) que el afiche es racista porque excluye la imagen de un personaje que representa a la gran mayoría de peruanos (90%). ¿Cuál(es) personaje(s) no tiene(n) rostro en el afiche?: es el pobremente vestido, andino, mestizo y cholo (Vannini).
La ecuación que utilizaré en el presente artículo es el siguiente: “En todo racismo existe exclusión, pero no toda exclusión es racista”. Entonces concuerdo con el sociólogo Tanaka (martintanaka.blogspot.com) al indicar que el afiche no es necesariamente racista, pero discrepo cuando señala que es un acto fallido. En mi opinión el afiche es un acto acertado.
Pero es acertado en el sentido que el afiche representa socialmente una realidad que ha sido omitida y oscurecida en los anteriores (diez) festivales de cine latinoamericano celebrado en Lima: la mayoría de películas mostradas en el populoso distrito pituco de San Isidro. Lo irónico es que luego de una década surge la polémica con efecto retardado.
Para ir más allá del discurso y las imágenes hay que hacer trabajo de campo en el mismo Centro Cultural de la Universidad Católica. Observen quien es la persona que tiene un puesto “ambulatorio” (donde se venden chicle, cigarrillo, caramelo, toffee, menta y fósforos, a lo Miki González) ubicado entre el centro cultural y el centro de idiomas de la mencionada universidad. Nadie cuestiona esa realidad porque ya se ha naturalizado en la cotidianidad culturosa que se estructura cada vez que se visita el CCPUCP; pero si cuestionan al afiche supuestamente “racista” donde ya existen responsables: La élite intelectual criolla.
Es interesante la ingenuidad colectiva de la polémica cuando aflora el reclamo por el reconocimiento, según el balance de Roberto Bustamante (elmorsa.blogspot.com), que el afiche niega “racistamente”. Lamentablemente la realidad no va a cambiar por hacer un afiche con reconocimiento, inclusión social y responsabilidad ciudadana. Por arte de magia cinematográfica no vamos a presenciar a la persona que vende en su puesto ambulatorio dejar abruptamente su trabajo para ir a ver cine. Eso esta bueno para las películas con finales felices. Pero sí anclamos en la realidad empírica se puede observar a la persona del puesto ambulatorio dando irónicamente la espalda al centro cultural (junto con sus cines) porque su público objetivo son los estudiantes del centro de idiomas: hay más clientes.
A manera de hipótesis reaccionaria es preferible que los “sectores subalternos y/o pujantes” no se sientan reconocidos por las imágenes y discursos producidos por la élite intelectual criolla. Ello da lugar para la democracia achorada (Tanaka). Algo que no ocurriría sí los grupos subalternos se identifican plenamente con la hegemonía porque daría paso a la violencia simbólica (Bourdieu) donde los sectores criollos reproducen y legitiman las relaciones sociales de poder con la participación y complicidad de los mismos grupos dominados. Sí no se cuestiona el sistema entonces el poder se mantiene naturalizando el paisaje de desigualdad social. Por ese motivo en el fondo del “reclamo por el reconocimiento” subyace la ética de las buenas intenciones donde se plantean cambios para no cambiar.
Generalmente en éste tipo de polémicas existirá una actitud paternalista hacia los grupos discriminados. En el caso del afiche se quiere incluir al subalterno a imagen y semejanza cultural de los sectores (progresistas) de clase media. Pero hay que tener cuidado porque finalmente son los grupos subalternos, emergentes o pujantes quienes tienen sus propias lógicas, agendas y estrategias para reconocerse y ser reconocidos socialmente. Todos los involucrados en el debate hablan éticamente por el bien del subalterno, ¿será posible que hable? (Spivak).
Finalmente el afiche no muestra el desencuentro entre las élites y el país (Tanaka), sino el desencuentro entre las mismas élites en el país, incluyendo a las académicas. Como diría mi amiga Karen Bernedo por chat: “si pes...en realidad la que vende chicles (puesto ambulatorio) le interesa un bledo si la pusieron de espaldas o no (en el afiche)...nosotros nos agarramos de el (afiche) porque dentro de los clasemedieros intelectuales somos los más misios y nos sentimos excluidos”.
miren el afiche: ¿cuál(es) personaje(s) no tiene(n) rostro? ¿cuál no está vestido "decentemente" ? ¿quién le da "la espalda" a la entrada del cine?ahora a escuchar la entrevista (hacer click en el siguiente enlace)